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José Luis López Ros construye un mundo de colores líneas y formas con teselas en Ciudadela
La exposición del artista navarro puede visitarse desde mañana y hasta el próximo 17 de abril en el Pabellón de Mixtos.
 
17/03/2016

Teselas de colores que mezcladas levantan paredes, abren ventanas y recrean bodegones. Pequeñas teselas cálidas que encorvan a las campesinas para que continúen segando con la hoz. Teselas rojas, azules y amarillas que dibujan sinuosos cuerpos de mujer, que mantienen en un complicado equilibrio a un contorsionista, que recrean cuerpos humanos hacinados en una playa. Así son los mundos creados por el artista navarro José Luis López Ros a partir de teselas de esmalte y vidrio, un total de 32 obras que han llenado de color y forma el Pabellón de Mixtos de la Ciudadela. 


La exposición, que lleva por título ‘Color, línea y forma’, ha sido presentada esta mañana en rueda de prensa por el autor, que ha estado acompañado por el técnico de artes plásticas del Ayuntamiento de Pamplona Pedro Lozano. La exposición podrá visitarse desde mañana viernes y hasta el próximo 17 de abril, en horario de martes a viernes, de 18 a 20.30 horas, los sábados de 12 a 14 y de 18 a 20.30 horas, y los domingos y festivos, de 12 a 14 horas.


Con esta muestra, el artista navarro López Ros vuelve a la Ciudadela de Pamplona, décadas después de su primera exposición fotográfica. Hay un salto, pero no sólo en el tiempo, sino también estético técnico y humano. Las nuevas imágenes en esmalte, vidrio y pasta de vidrio llenas de color poco tienen que ver con las obras en blanco y negro del pasado.


Sentir, mirar y tocar


La colección de López Ros es una exposición para sentir, para mirar y también para tocar. Fruto de más de diez años de trabajo, de pasión creativa, de una apuesta por la vida y por la capacidad del ser humano de descubrir nuevas formas de expresión.
El artista limita sus instrumentos y controla el número de colores, primarios y secundarios, y trabaja en el equilibrio de difíciles combinaciones coloristas y formales. El resultado son obras figuristas, otras abstractas y otro grupo donde la abstracción roza con la figuración. En todas ellas, la calidad de los materiales, el brillo y la fuerza de los colores tratan de despertar en el observador sensaciones y emociones.


López Ros se enfrenta a los mosaicos con sencillez: tenaza, esmeril y teselas de vidrio. Nada más. No hace uso de la tecnología, le mueve la inspiración. Para este artista, lo importante es el detalle, la perfección del mosaico más allá del tiempo que le cueste realizarlo. Su técnica ha ido evolucionando y perfeccionándose, introduciendo el volumen y buscando retos geométricos y juegos de ideas para plasmarlos en mosaicos.


El artista le da la vuelta a las imágenes hasta encontrar el impacto a través del material y el color. Así, explora el efecto de la combinación de los colores en los mosaicos, para ofrecer una obra original y que no deje indiferente. Con sus obras, realiza además su particular homenaje a Malevich y sus segadoras, a Escher y sus escaleras infinitas, a Mondrian y su proporción áurea. También refleja paisajes conocidos, como el roble de Orkin, la montaña de Beunza y la playa de Salou.


El autor


José Luis López Ros nació en Erroz (Navarra). Su espíritu inquieto le llevó a obtener primero el título de oficial en la Escuela de Náutica de Santa Cruz de Tenerife, para posteriormente viajar a Estados Unidos, donde se graduó en Matemáticas por la Universidad de Humboldt (California). Estudió literatura y obtuvo el Máster en Artes por la Universidad de California, en Santa Bárbara. En esta última universidad impartió clases durante tres años.


López Ros obtuvo una beca para estudiar fotografía en el prestigioso Brook Institute School of Photography. Sus trabajos han sido expuestos en lugares como el propio Brook Institute, la Casa de Cultura de la Diputación Foral de Álava en Vitoria, la Barrena Kultur Etxea de Ordizia o la Ciudadela de Pamplona.


Las muy diversas disciplinas que ha practicado han alimentado en él una visión caleidoscópica del mundo y de lo que le rodea. Comenzó a trabajar con el mosaico en 2003, buscando una expresión artística que canalizara su sensibilidad. Y lo hizo de forma totalmente autodidacta, tanto en su técnica como en el proceso. Encontró inspiración inicial en el libro ‘Arte Metro Roma by Sicis’, donde se exponían 12 estaciones del metro de la capital italiana decoradas con mosaicos.


En la actualidad, López Rosa vive en un pequeño pueblo de las montañas del norte de Navarra dedicado por entero a su trabajo y su obra en su casa taller.


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